Prefacio

From Software libre para los países en desarrollo

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Estimado lector: el futuro de la informática (y en dependencia, de gran parte del bienestar de la humanidad) está en juego. Las batallas por los derechos de las personas, que hoy se libran en terreno legal y económico, mañana se librarán en el terreno de la ley más inflexible de todas: el programa de computadora.

Las computadoras juegan un papel importante en nuestras vidas; esta verdad será más relevante con el pasar de los años. Es por eso que es importantísimo exigir acceso no sólo a la información que nos afecta, sino a la ley soberana que la controla, administra y comunica. Y esa ley soberana es el software.

Pero este libro no trata sobre software, sino sobre un movimiento social del cual dependen sus derechos informáticos. Este libro trata sobre el software libre.

Muchas personas me preguntan por qué uso software libre. No hay respuesta corta a esta pregunta, pero trataré de resumirla.

La primera vez que tuve la oportunidad de probar software libre, me pareció feo y malo. En aquella época (1997), yo era experto en MS-DOS y Microsoft Windows (lo "más moderno" de la época), y el panorama en el mundo del software libre era muy diferente al actual. Baste decir que mi primera instalación de Linux se demoró doce horas. Encima, me pareció tan aburrido y deficiente que lo dejé por un año.

Pero en 1998, algo pasó. Me introdujeron a Linux-Mandrake (ahora Mandriva) y, de repente, ya no era tan aburrido. Lo primero que me impactó fue que era diferente, pero fácil de usar. Con seguridad no fue nada fácil instalarlo, pero era mucho mejor que poner atención a letritas grises en fondo blanco, ¡por doce horas!.

Poco a poco fui entendiendo que tras este "sistema operativo de hippies hobbyistas comunistas" había una filosofía invisible pero presente, personificada en el trabajo de cientos de miles de personas que invertían tiempo en algo que, aparentemente, ningún beneficio redituaba. Afortunadamente, comencé a entenderlo gracias a la cantidad de información que había en la Internet al respecto.

Y en materia de software libre, en Internet no sólo había información: habían personas y programas. Personas que desarrollaban software, y que detallaban hasta el último resquicio del funcionamiento de sus creaciones. En público, y en directa contraposición con la costumbre secretista de la industria del software. ¿Qué me iba a imaginar yo que algún día iba a poder hablar electrónicamente con el creador de un programa X? Hoy día el ciclo se ha invertido: ahora soy yo quien atiende solicitudes de personas interesadas en mis propios programas libres.

Y habían programas. Programas cuyo código yo podía leer y entender. Bueno, hasta la fecha nunca he entendido un programa "a la primera"; pero con tiempo, perseverancia y pasión, terminaba entendiendo.

Estos recursos fueron invaluables; se constituyeron en multiplicadores de mis habilidades y conocimientos. Para mí, programar era "aprender del libro" y hasta ahí nomás. Con el software libre, por el contrario, siempre había algo nuevo qué aprender y, más importante, ejemplos de buena programación.

Hoy, estas actividades son completamente opcionales para quien desee disfrutar del software libre. Tampoco es necesario compartir su filosofía para sacarle provecho. Ciertamente que uno todavía puede contactar directamente al programador que hace un programa libre -- pero también tiene la opción de obtener soporte a través de su vendedor de software libre. Hoy, el software libre marca el paso, y las innovaciones más recientes ven la luz bajo este paradigma.

El software libre no sólo es técnicamente superior: también es más barato. Adiós al gasto astronómico en licencias: a través del software libre, los países del Tercer Mundo pueden tener acceso a tecnología informática por sólo el precio de los equipos. Con lo fundamental que es la tecnología informática hoy, es sorprendente que pocos países hayan considerado a la fecha adoptar software libre como política nacional.

Pero lo más importante es que el software libre es (valga la redundancia) más libre. No hay restricciones de uso, copia o modificación. Con el software libre, usted es libre de ayudar a su vecino; ningún vendedor de software podrá tomar decisiones por sobre usted, como hoy lo hace el software tradicional.

Todo esto es muy bueno, pero la gente lo desconoce. Por ello, a lo largo de este trabajo le contaremos a a usted cómo el software libre puede serle de utilidad. Y le contaremos cómo fabricamos una estrategia para llevar al software libre a las PyMEs de Guayaquil.

No somos mayoría quienes compartimos la pasión por el software libre, pero ya somos millones y seguiremos multiplicándonos. Esperamos que después de leerlo, decida unírsenos.

Manuel Amador

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